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Hojaldras: una tradición que reúne sabores, historia y memoria

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Las hojaldras, pan de muerto que se consume en altares durante el Día de Muertos, son un símbolo de tradición que combina sabores, creencias y memoria, con una producción anual de 4,545 toneladas y un valor aproximado de 1,034 millones de pesos.

En Puebla y Tlaxcala, la hojaldras ocupa un lugar central en las ofrendas, donde se celebra su presencia junto a otras piezas de panadería que se adaptan a la identidad local. Cada año, la demanda de este pan llega a superar las 4,500 toneladas, lo que representa un aporte económico cercano a los 1,034 millones de pesos.

El Mtro. Alfredo Cruz Colín, jefe de Talleres Artísticos de la IBERO Puebla, explica que la hojaldras surge de la convergencia entre distintas tradiciones. Una fuente es el pan de ánimas, una antigua práctica española, y la otra proviene de las costumbres rituales de los pueblos mesoamericanos que, antes de la colonización, empleaban alimentos como el tzoalli, hecho de amaranto y miel, y el papalotlaxcali, un pan de maíz reservado a las mujeres que fallecían durante el parto.

La fusión de ambas culturas se produjo en la época de la llegada de los españoles, cuando las tradiciones se mezclaron y adaptaron a los ciclos agrícolas del maíz y a las festividades católicas de Todos Santos y Fieles Difuntos. De esta manera, la hojaldras adquirió distintas expresiones y variantes en todo el continente.

Originalmente, las hojaldras se elaboraban con pasta de hojaldre, cuya característica de capas dio origen a su nombre. Con el tiempo, la receta evolucionó hacia una masa más esponjosa, sin perder el denominador común. Entre los ingredientes más emblemáticos se incluye el agua de azahar, que aporta un perfume distintivo que complementa las flores e incienso presentes en los altares.

El diseño del pan también posee significados simbólicos. Los huesos que se colocan sobre su superficie representan a los difuntos y se sitúan en los cuatro puntos cardinales, mientras que la pequeña bolita de masa que cubre la parte superior puede interpretarse como un cráneo; la forma circular del pan refuerza la idea del ciclo de la vida y la muerte.

La tradición de las hojaldras se mantiene viva gracias a la transmisión familiar. Cada vez más familias preparan su propio pan de muerto, incluso sin contar con conocimientos de panadería profesional, para compartirlo con vecinos y amistades. Este acto refuerza la riqueza cultural y los lazos comunitarios que caracterizan el Día de Muertos en México.

Las imágenes fueron tomadas de: IBERO Puebla Noticias.

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